lunes, 9 de marzo de 2009

Fábula de un gobernante honesto

Érase una vez, en tiempos no muy remotos, un gobernante de un país no imaginario. Durante su gobierno no dudó en apoyarse en los grupos de poder, en procurar concentraciones empresariales que le rindieran pleitesía y en controlar los mecanismos del Estado que le aseguraran su pervivencia. Cultivó con esmero las tan necesarias relaciones internacionales, incluidas las hazañas bélicas, siempre al lado del poderoso, quedando enaltecida su pequeña figura por el glamour de su entorno, y el engrandecimiento mediático. Pero no se piense que estaba aferrado al poder.

En un ejercicio de honestidad, modestia, y servicio, como corresponde a los grandes hombres de Estado, renunció a permanecer en su alto cargo de gobernante para retirarse de los honores una vez cumplida su misión. Ese gesto le procuró la admiración de sus ciudadanos y su confirmación como gobernante modelo. En la trastienda, se supo después, se guardaban los proyectos del gran estadista, que ahora, por responder a su actividad privada deberán de carecer de trascendencia política.

Todo estaba previsto: una retirada a tiempo en olor de multitudes y un partido gobernante en su país controlado a futuro. Cosecharía para sí los frutos del jardín que cultivó en el ejercicio de su poder; dado su prestigio intelectual se aseguró conferencias en las principales universidades del poderoso, su entrada en los consejos de administración de influyentes medios de comunicación y luego en los más exclusivos clubs de las finanzas internacionales, en justa recompensa a los favores prestados y a sus amplios conocimientos geopolíticos. Pero no era todo para él; generoso como era, no se olvidó de su inefable yerno que se reveló como uno de los más importantes hombres de negocios del planeta, intermediando en operaciones que rozaban los círculos de poder tratados por su suegro.

Tampoco regateó atenciones a su esposa, de la que se espera una gran proyección como recambio necesario para garantizar el control del poder, tan necesario en momentos de turbulencia y falta de clarividencia política de los demás. Todo en su sitio. Lástima que sus súbditos, desagradecidos, a última hora e influenciados por alguna terrible conspiración, le retiraron su confianza. Que no se consienta quebrar la cuadratura del círculo de un gobernante honesto.

Miguel Ruiz de Cenzano.

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